martes, 8 de diciembre de 2020

EMIGRACIÓN AUSTRALIA, FAMILIA OÑA/AGÜERA Y OTROS GUAREÑOS/AS

 

EMIGRACIÓN A AUSTRALIA, FAMILIA OÑA/AGÜERA


                                    Crucero Angelina Lauro del grupo Achille Lauro


La emigración ha sido una constante en nuestro pueblo. La pobreza de nuestro pueblo y la falta de oportunidades hizo que muchos paisanos pusieran tierra de por medio. Ya vimos en anterior entrada la emigración a Argentina.

Había países más prósperos que el nuestro en aquellos años sesenta, como era el caso de Francia y Alemania, países que, a pesar de salir de una terrible guerra en el 1945, se habían recuperado y necesitaban mucha mano de obra no especializada.Españoles e italianos se lanzaron a cubrir dichas plazas.

La familia Agüera era una familia campesina, criada en el campo, en el Arroyo de la Piora, trabajando en la almendra, la aceituna, la viña, la higuera, el huerto, la cría de ganado.Francisco Agüera Sánchez Ruiz, el Rano, estaba casado con Carmen Sánchez Ruiz, Cucarro, y tuvieron tres hijas: María, Isabel y Carmen. María Agüera Sánchez era la mayor y la que tuvo que ayudar primero en la casa y en el campo, a falta de varón, ella tenía que cubrir ese puesto, ya que era una familia muy humilde. A los catorce años, María fue atraída por el Opus Dei después de unas jornadas de captación que hacían algunas monjas de la Orden en Guaro. En esa campaña, afiliaron a Pepa,La Gallarda; Ana,la Respinga,y a María, la Rana,la más pequeña. Gracias a que sus compañeras era mayores que ella, su madre le permitió salir de casa para ingresar de postulante en Barcelona,en la residencia del Colegio Mayor, estamos en 1959, Plaza de España. Allí, María aprendió todas las labores del hogar. Después de dieciocho meses, regresa a Guaro y vuelta al campo.

La familia Oña Gómez estaba formada por Blas Oña Sánchez, de la Viuda,procedentes de Alozaina y Magdalena Gómez Carretero, Gallardo.La familia Gallardo había tenido negocios de hospedaje en Málaga, Sebastián Gómez era el patriarca,Bastián Gallardo. Por parte materna, estaba emparentada con los Carretero de la familia de Marmolejo del molino y de las Porras.

La familia Oña/ Gómez emigró a San Martín del Tesorillo, pueblo limítrofe con la provincia de Málaga, limita con Secadero, que pertenece a Casares. Cruzas el puente y ya estás en otra provincia. Era una pedanía de Jimena de la Frontera. Hoy es ya un pueblo independiente. San Martín del Tesorillo era un poblado creado por los Larios. Sus primeros pobladores eran renteros que trabajaban las tierras del marqués de Larios. El marqués parceló las tierras y las fue vendiendo a los renteros y a otros que venían a comprar. Uno de los pioneros fue un indiano que vino con dinero y compró muchas tierras, previamente vendió las tierras que tenía en la colonia de San Pedro de Alcántara. Era Antonio Lara Montano, casado con Ana Gil Villalón, tía de Miguel Cascarilla.

El Montano hizo de patriarca para traerse a algunos parientes, entre ellos, su sobrino, Francisco Fernández Gil,Cascarilla,quien vendió todos sus bienes en Guaro y compraron en Tesorillo. Otros guareños, parientes del Toscano, vinieron.

La familia Oña/Gómez decidió emigrar al Tesorillo. Su hijo Blas, que era el mayor, estuvo con ellos, tuvieron tierras en renta y luego volvieron a Guaro. Posteriormente, volvieron otra vez y allí nacieron otros hijos: Sebastián, Ana, en Guaro y Elvira y Antonio en Tesorillo.

Cuando Blas tenía catorce años sufrió una crisis nerviosa que lo paralizó: era el síndrome de Guillain-Barré, terrible enfermedad que deja el cuerpo paralizado. El sistema inmunitario se trastoca y ataca al sistema nervioso por error, produce una enfermedad de los nervios que ocasiona debilidad muscular y parálisis. Este no sería el único episodia nervioso de Blas.

María se enamoró del rubio Blas y Blas hizo lo propio con ella.Desde ese momento, su vida trancurrirá juntos, para lo bueno y lo malo.

Una vez que Blas termina el servicio militar, piensa en entrar en la Guardia Civil o en la Policía Nacional, pero Blas, que es un hombre decisivo, cambia de opinión: me voy a Francia.Dicho y hecho. Fue junto con Paco el Taxista en 1962.

Volvió a Guaro para casarse con María e irse a Francia de nuevo. Blas tenía 22 años y María, 19, corría el año 1964. El mismo día de la boda, toman un tren y ponen rumbo a Irún y a París. Entran con carácter de turista, para una estancia corta. Blas encuentra trabajo en la Citroën de París de una manera curiosa ya que no había plazas, pero él se mantuvo en la cola y un trabajador italiano lo guio para entregar los papeles. Lo hizo y lo consiguió. María pudo entrar a trabajar en el Consulado español gracias a los contactos con el Opus. Dado que el trabajo de Blas se hizo estable, tuvo que regresar a Irún para hacerse un pasaporte en regla y un visado de trabajo.

Blas tuvo un incidente con un jefe de equipo de la Citroën que no paraba de hostigarle en la cadena de producción. Perdió los nervios y le lanzó un martillo de goma, que no le alcanzó. Él pensaba que iba a la calle, pero no fue así: lo dejaron en la fábrica.

Unos amigos madrileños les dijeron que se fueran a Canadá-Montreal, donde se habla francés y que fueran a Acción Católica para que les ayudasen en el transporte.

Al final, cambiaron de rumbo y decidieron poner mar y tierra de por medio y marcharon a Australia- Melbourne, Victoria.

Acción Católica les prestó el dinero para el viaje, dinero que tenían que devolver en tres años, y así lo hicieron. Génova, Nápoles,Egipto,visita a las Pirámides, canal de Suez, India, visita a Nueva Delhi, Australia-Hobart, crucero Marconi. Era una vuelta al mundo en crucero, todo un viaje que llevaba turistas y pasajeros que aprovechaban el viaje para ir a Australia.Ellos iban en clase turista:un viaje de novios como hay pocos.


                                                   Baile en el crucero de ida Marconi

La ruta iba por el Canal de Suez, que entonces estaba libre, poco después estalló la guerra árabe-israelí (1967) y el canal se cortó para el turismo. La nueva ruta se haría vía Génova-Marsella- Barcelona-Lisboa, Azores, Brasil-Río de Janeiro- Argentina, Buenos Aires, Uruguay-Montevideo, Estrecho de Magallanes Pacífico, Valparaíso-Nueva Zelanda-Australia, Hobart.Esa sería la ruta de vuelta de la familia Oña/Agüera en 1969, crucero Angelina Lauro, del grupo de Achille Lauro.

Hobart, primera estancia de la familia. Cuando uno encuentra un paisano en tierras tan lejanas, ve a Dios. Por allí, vivía un guareño, intérprete, José Lara, familia de los Toscanos, que trabajaba en el centro de emigrantes y se encargó de buscarle alojamiento y trabajo. Hoy en día no hubieran tenido tanta suerte, la emigración a Australia está muy complicada. 

De todas maneras, hay fómulas de contrato temporal de trabajo, de hecho la hija de un gran amigo, Juan el Zocato,Ana Mancilla Ruiz, trabaja allí,en Freshwater (Sidney), Nueva Gales del Sur o como Quique, el hijo de Francisco el Chivero, que también ha portado por allí; Silvia Fernández, la hija de Sebastián el Quinto, en Nueva Gales del Sur, Sidney, gente joven y muy preparada, mano de obra especializada. 

En tiempo atrás, también marchó a Australia la familia de Gonzalo Patarras, al que conocí cuando volvió y jugué con él al domino muchas partidas. José el Pajarero también anduvo por aquellos lares y regresó para poner un negocio.

Blas encontró trabajo en la Ford, tenía experiencia laboral en Citroën, Francia.También en una fábrica de productos químicos y, finalmente, en la construcción del Opera House en Sidney. Consigue comprarse un coche Citroën, como no podía ser menos.



                                                          Opera House, Sidney

María encontró trabajo en un hostel, en una fábrica de conservas y en otra de galletas.

Durante estos años y con una vida de entrega y ahorro, pudieron reunir un capital para crear un proyecto en España-Málaga.

En 1969, regresan a España-Málaga y ya los padres de María, que habían vendido toda sus propiedades de Guaro para venirse a Málaga, se habían encargado de buscarle un negocio, el bar Campos, un bar base del bar Oña, por un importe de 1 450 000 pesetas. Era un bar con pensión y con un inquilino, un capitán de la marina mercante, que tenía contrato indefinido. Blas y María llegaron a un acuerdo con él para pagarle una residencia a cambio de dejar libre su alquiler de estancia.


Bar Oña I

Dado que Blas y María no tenían ni idea de cómo llevar un bar, se lo alquilan a su primo Rafael, a su hermano-cuñado, Sebastián, y a Pepe el de Almogía. Sebastián compró una marisquería después.

Mientras tanto, compran un chalet con piscina y 500 metros cuadrados de parcela en Camino de Antequera, calle Fernández Alarcón, cerca de la clínica de la Encarnación. Blas compra una plaza de Taxi,que luego alquiló a su hermana Elvira, a él le van los coches, y una finca en Cártama, también le gusta el campo. En Tesorillo, tuvo unas fincas en un magnífico lugar, en la entrada, que luego vendió e invirtió en naves comerciales.

En el 1971, se hacen cargo de pleno del bar.

Posteriormente, el bar Oña sufre una transformación en 1975 cuando se reforma todo y se construye un bloque de pisos sobre el solar del bar, que es como está ahora. Para ello, hay que vender el chalet y la finca de Cártama. En ese bloque vivía toda la familia y cada hijo tuvo un piso, con el tiempo se ha convertido en un bloque de alquiler y María y Blas tuvieron que comprar una casa mata dada la situación física de Blas, casa a doscientos metros del bar. Sus hijos viven distantes del bar, cosa que, a veces,se desea para desconectar.


                                                               Bar Oña I

Una familia emprendedora y luchadora. He conocido a Blas recién operado de ligamentos y trabajando al poco tiempo.Jornadas en el bar, en pescadería, en los almacenes de alimentos. Blas tuvo un brote del síndrome de Guillain-Barré que le llevó al hospital de tetrapléjicos de Toledo, de ahí consiguió salir, pero ya no pudo trabajar con el cuerpo, pero sí con la mente, buscando locales, naves, pisos, chalets: comprar-alquilar-vender.

 El Oña II,1990, su nuevo proyecto frente a Carlos Haya, Hospital Regional, la joya de la corona Oña/Agüera, llevado por sus tres hijos.


                                                                      Bar Oña II

María ha estado al pie de la caja durante muchos años y también al cuidado de sus padres. Muchos años de pie le causó una lesión en las piernas que le llevó a dejar el trabajo después de varias operaciones y de unas rodillas muy tocadas, y ahora se dedica a cuidar a su marido con la ayuda de un fiel personal de servicio como es Nina, ucraniana, que lleva muchos años con la familia. Es una persona caritativa donde las haya, colaboradora con movimientos cristianos en la ayuda al necesitado y ayudando a su familia más necesitada sin escatimar en nada: se siente afortunada y es agradecida.

Han sido unos patronos ejemplares en el cumplimiento de sus deberes empresariales para con los trabajadores, tienen una plantilla de más de cincuenta trabajadores, contando con el bar Oña II en Avenida de Carlos Haya, frente al hospital, ¡qué sería de los bares Oña I y Oña II, sin hospitales!


                                                 Cincuenta años de la empresa Bar Oña

Hoy en día, la empresa está en manos de sus tres hijos: Sergio, Blas y Francis. Tres hijos que han vivido el bar, que han seguido la constancia de sus padres y que mantienen el negocio con prosperidad y constancia, alternando su presencia en los bares y administrando su economía.

Desde aquí, todo mi aprecio a la familia y mis mejores deseos para ellos.


José Naranjo


martes, 1 de diciembre de 2020

Emigración a Argentina, Tucumán, de la familia Biedma/Torres en 1914

 Historia de una familia de guareños recién casados motivada por la terrible crisis económica que afectó a nuestro pueblo después de la ruina de la pérdida del viñedo en Guaro.

Argentina era una nación de progreso en aquellos años. Españoles, italianos y, en menor medida: alemanes, ucranianos, rusos, polacos, franceses... viajaron a esta tierra para, como se decía entonces, hacer las américas. No serían los últimos que marcharan a Argentina, incluso en los años 60, se hacía el viaje, como el de Francisco Mateos, hijo de Frasquito, el Pelón, allí trabajó en una panadería.

La familia de Karina González emigró en 1948 a cargo de Fernando González el Mellao y su esposa Ana y sus hijas Catalina González González y María González González. Pusieron rumbo a Tucumán .Catalina pudo volver a la madre patria y a Guaro en dos oportunidades. Su nieta Karina González cumplió el deseo del reencuentro con sus raíces guareñas.

La historia que hoy nos trae al blog es la de Juan Biedma Sánchez e Isabel Torres Lara, un matrimonio nuevo que se aventura a cruzar el charco debido a la situación económica de nuestro país y la imposibilidad de viajar a Europa por mor de la guerra mundial del 14/18.

La nueva familia zarpó en un vapor, que probablemente hacía la ruta de Barcelona, con estancia en Málaga y Cádiz,  rumbo a Buenos Aires.

                                                Vapor Isla de Cuba y luego León XIII

El destino era Tucumám, Argentina





 Trabajaron en el campo y... vinieron los hijos, en total cinco: Fuensanta,en 1915; Ana, en 1922; María, la madre de Pedro Guillermo García Biedma, en 1927; Salvador en 1929, que casó con María Carretero (q.e.p.d.) y vivió en calle Avenida de Andalucía, antes García del Olmo y antes Ermita, actualmente está en Málaga con su hijo. Y, en 1930, Francisco, en cuyo parto murió su madre, terrible circunstancia que hizo volver al resto de la familia a España, Málaga, Guaro.

El bebe quedó en Argentina porque era muy pequeño y, a su vez,complicado volver con él. El viaje se realizó a los tres meses de nacer Francisco, que quedó a cargo de su tía Pepa. Francisco vivió en Argentina. Estuvo en España, Madrid y Guaro en 2005. Falleció en 2010 en Argentina..

Las hijas Fuensanta y Ana se fueron a vivir con su padre a Guaro, en la casa de la madre de él.

Los hijos María y Salvador se fueron a vivir con sus tíos, Juan y Ana, ya que ellos no tenían hijos y podrían dedicar su tiempo a criarlos y a ser compensados con unos hijos adoptados y sobrinos queridos.

Salvador ha vivido muchos años en la casa de la Avenida de Andalucía, en la casa familiar de Juan Berrocal y Ana Biedma ,sus tíos, desde los años primeros del siglo XX.

Nuestro paisano Pedro, hombre aficionado a la poesía, dedicó una elegía a la muerte de su padre y de su madre, María Biedma Torres, la Argentina, fallecida en 2013., y a su padre en 2004.

Nuestro recuerdo a todos ellos: una epopeya no clásica, pero de la vida real.

jueves, 25 de abril de 2019

Pregón Semana Santa de Guaro 2019, Antonio Merino Tovar


Pregón
Semana Santa
Guaro 2019



 Jesús y los niños, Carl Vogel



Dejen que los niños vengan a mí
Marcos 10, 14

Enlace de youtube para visionar el pregón https://youtu.be/GSb54uCcmyo

Rvdo. José Amalio, presidente y hermana mayor de la hermandad, Sr. alcalde, hermano mayor de la hermandad de San Isidro, hermanas y hermanos, Ayuntamiento, asociaciones, paisanos, visitantes, amigos y conocidos.
Mis primeras palabras tienen que ser de agradecimiento a la Hermandad, y muy especialmente a su hermana mayor, Ana Ruiz, por ofrecerme este honor de ser el pregonero de nuestra Semana Santa.
Como le dije el día que me lo comunicó, es para mí una responsabilidad y una gran satisfacción.
Gracias Ana. Espero no defraudar.


Otra Semana Santa más. Otro año con su Semana Santa. Otra Semana Santa nos llama dentro de unos días. Otra Semana Santa igual y al mismo tiempo diferente, como siempre, a otras Semanas Santas.
Viviremos la de este año en nuestras casas, en las calles y en la iglesia. Con la familia y los amigos, con los que viven fuera y vuelven esta semana. Con los recién nacidos y con el recuerdo de los que se han ido a la Semana Santa del Cielo.

Conocí la semana santa de Guaro siendo novio de Maruchi. De su mano y con sus palabras, me empapé de tradiciones, costumbres,  usos y ambiente.
Para cuando nos casamos, ya había conseguido que me enamorara de Guaro, de su gente y de su Semana Santa.
Mi cuñada Ana también puso y sigue poniendo, su granito de arena. Y mi suegra Josefa me refería, contaba y recordaba cientos de datos, lugares, anécdotas y costumbres, muchas de ellas casi olvidadas.
Nada más llegar hice grandes amistades. Es tan grande su cariño y amistad, y son tantos, que me es imposible nombrarlos.
Quiero representarlos a todos en nuestro amigo José Gómez Villalba, que nos ha dejado hace unos días. Mi amigo Pepe, que le habría encantado acompañarme hoy escuchando mi pregón; pero que estoy seguro que desde el Cielo, junto a mi esposa Maruchi con la que tan bien se llevaba, nos ven, nos oyen y cuidan de nosotros.
Gracias Guaro, porque entre todos habéis conseguido que me sienta un guareño más, que hoy pueda hablar de la Semana Santa de Guaro, como de mi Semana Santa y, como propia, sentirla y vivirla.
Viviremos la Semana Santa de este año y volveremos a revivir otras Semanas Santas pasadas: nuestras Semanas Santas juveniles e infantiles.
Dejen que los niños vengan a mí. Quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él.
Todos hemos entrado en la Semana Santa guareña, como niños, desde muy muy niños.
Niñas y niños cuyo sentimiento dominante era la Ilusión. Ilusión mezclada con colores, sabores, olores y sonidos.
Nuestra ilusión por la Semana Santa se nos despertaba con el olor a azahar, el colorido de las primeras flores, el olor a dulces caseros inundando las calles de Guaro, el repiqueteo del almirez “mahando” la canela, con su olor prometiendo arroz con leche.
Impacientes esperábamos la larga semana con las largas noches del setenario y la novena, palabras que pronto aprendíamos que significan siete y nueve.
La iglesia iluminada (comparando la iluminación actual, iluminada es un decir); las mujeres llenando los bancos delanteros; los hombres, menos, en los traseros; los niños jugando detrás y los más pequeños dando cabezadas, arrullados por las avemarías. Todos esperando la canción que separaba cada misterio, con su machacón estribillo que se nos iba quedando grabado:
Por tus dolores
Ten compasión.
Pide y alcanza
Nuestro perdón.

Música: Estribillo del Setenario
El Domingo de Ramos, vestidos de domingo y repeinados, con una rama de olivo en la mano, formábamos dos filas, los niños delante, las niñas detrás, vigilados por el maestro y la maestra muy serios, para que no los “dejásemos en mal lugar” con alguna de nuestras travesuras.
A partir de ese momento, los recuerdos se entremezclan, el potaje de garbanzos, los mayores construyendo el Monumento, las tortillas de bacalao, vestir a los santos (un gran misterio que los menores teníamos vedado),   recorrer las calles haciendo sonar la matraca para anunciar la misa (Dios está muerto, se nos decía, y no se puede tocar las campanas: ¡Ni se os ocurra formar jaleo!), el arroz con leche, una misa larguísima que finalizaba con el cura subiendo por la escalinata del Monumento, el olor a incienso, los varales del trono adornados con pañuelos,  media misa que duraba como misa y media y otra misa donde a las doce de la noche repicaban las campanas. Soñando con hacernos mayores. Las niñas para asistir solas sin sus madres, los niños con subir a la torre a “darle vueltas a las campanas”.
Y, entremedio, las procesiones, sin recordar del año anterior cuando era cada una; pero “metiéndonos” en todas, por las calles medio a oscuras del Guaro de la época.
Las mujeres en dos filas delante del trono, vestidas de oscuro, con velillo y una vela en la mano.
Rezando y cantando. Algunas veces canciones en latín de las que nos gustaba la música, aunque no entendíamos nada.
Los hombres detrás, hablando bajito de sus cosas, y los niños correteando junto a los músicos.

Dejamos de ser niños pequeños para ser niños grandes y entonces  ayudábamos con los haces de olivo para el Domingo de Ramos.
En la novena y el setenario intentábamos contar las avemarías con los dedos, sin conseguirlo perdiendo siempre la cuenta, esperando las canciones para memorizar las letras, diferentes para cada misterio, y  entonando, sin darnos cuenta, el estribillo:
Por tus dolores
Ten compasión.
Pide y alcanza
Nuestro perdón.

Música: Estribillo del Setenario

En el Monumento, movíamos bancas, arrimábamos tablas, buscábamos el martillo siempre perdido o nos mandaban por clavos, flores, alfileres...
Algunos misterios se desvelaban: la Virgen y el Nazareno cambiaban de aspecto y vestuario. Nos parecían otras imágenes distintas de un día para otro.
Los niños subíamos a la torre a aprender a voltear las campanas. Cuando al fin le dábamos vueltas a la campana gorda… éramos mayores. En la Semana Santa siguiente nos dejarían atar nuestro pañuelo en algún trono. Esa era la tradicional forma de reservar un sitio bajo los varales. Nuestro pañuelo nos aseguraba  el lugar donde “meter el hombro” y llevar a nuestras imágenes por las calles.
Y las niñas irían solas con sus amigas en la procesión, sin la vigilancia, o eso creíamos, de nuestros padres. Reuniéndose de casa en casa antes de ir a la iglesia y escoger sitio en la fila.
Y comprendíamos mejor  el Viernes Santo, ese día “raro” en el que no podíamos formar ruido, gritar ni correr. Los hombres se quedaban en las casas porque las tabernas, aún no eran bares, estaban cerradas, lo mismo que el cine.
En la radio solo se oía una música extraña y triste, no el flamenco o las coplas del resto del año. Una música que inundaba Guaro de melancolía y silencio en las conversaciones.
Música sacra la llamaban.

Música: ¡Oh Señor, envía tu Espíritu!


Poco a poco, Semana Santa tras Semana Santa, dejamos de ser niños y nos convertimos en mayores.
Ahora otros niños han tomado el relevo, y se harán mayores con la Semana Santa en sus genes, como se dice ahora, porque nosotros aún no sabíamos de genes, por eso la llevamos en la sangre.
Y por llevarla en la sangre, este año la viviremos igual, con algunas diferencias personales, como ha ocurrido siempre.
Sin extrañarnos que nos asalten recuerdos, vivencias y nostalgias infantiles.

Volveremos a visitar y a rezar ante el Monumento.
Nuestro Monumento, con sus calas blancas, su seña de identidad que lo hace tan diferente al resto de monumentos. Los lirios de agua que las guareñas y guareños cultivamos con mimo y amor, para adornar y hacer lucir cada año nuestro Monumento.
El Monumento con sus lirios de agua, fue mi primera y admirada impresión cuando conocí la Semana Santa de Guaro.

El Jueves Santo acompañaremos a la Virgen de los Dolores y al Nazareno. Los esfuerzos por las subidas y bajadas de calle Málaga, Una acera o Teja, nos recuerda la larga noche de Jesús llevado, arrastrado, empujado de un lugar a otro de Jerusalén. Su penoso e insufrible recorrido por la Vía Dolorosa.

Avanzada la noche, siguiendo la Cruz,  recordaremos la Procesión de los hermanos. Procesión a la que solo asistían hombres, mientras las mujeres rezaban ante el monumento.
El resto de la noche del Jueves Santo serían relevadas por los hombres, y algunos recordaremos los turnos de vela, la lista de grupos, generalmente centralizada en el ayuntamiento, donde los hombres nos apuntábamos para que, durante toda la noche, hubiese un grupo velando la muerte de Cristo.
Cada grupo acompañado por algunas niñas, de las que se habían hecho mayores, para que los guiasen en el rosario y las oraciones.

Acompañaremos al Sepulcro, nuestra procesión que no es una procesión, sino casi un entierro.

Y en la Procesión del silencio a nuestra Virgen de la Soledad. Con nuestras oraciones casi susurradas.

Música: Perdona a tu pueblo Señor




Nuestra Semana Santa ha cambiado durante estos años. A la Procesión de los hermanos asisten mujeres. En la del Silencio no es necesario atar pañuelos en los varales, los jóvenes se han organizado de otra forma. Los turnos de vela son espontáneos, las campanas, electrónicas y la matraca, un recuerdo.
(Si alguien aún tiene una matraca, debería pensar en conservarla como una joya de museo, puesto que quedan muy pocas incluso a nivel nacional, y menos del modelo usado en Guaro).

La mañana del Viernes Santo es algo nuevo y un gran cambio, el Domingo de Resurrección.
He tenido la suerte de vivir los cambios de nuevo como un niño; pero ahora a través de las niñas y niños de Guaro, especialmente de mis hijos.
Los veo buscar cartulinas y grapadoras para hacer capirotes y barras de cortina para los bastones.
Hablando con las vecinas, que buscaban patrones, telas, cintas y diseños de túnicas y escapularios.
De pie, refunfuñando, pero aguantando que le tomen medidas y les hagan pruebas.
Los veo con su madre, entre risas, besos y bromas, ayudando con un trozo enorme de tela a cortar el vuelo de la capa. O ajustando los agujeros para los ojos del capirote.
Igualmente, con su tita, cosiendo túnicas e intentando que las cintas del bastón permanezcan en su sitio.
Los veo enfrentándose a la decisión de elegir el color de la túnica para que las nuevas procesiones luzcan lo más vistosas posible.
Y desde el escalón de la puerta, los veíamos salir corriendo, gozosos, alegres, con el capirote, la túnica, el escapulario y la capa al viento, a desfilar en las procesiones desde el Jueves Santo.

La Semana Santa Guareña, a diferencia de otras localidades, se centra en tres días: jueves, viernes y domingo; pero también se diferencia por la intensidad con la que se viven esos tres días.



El Jueves Santo festejamos el Amor Fraterno: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado.
Y en Guaro aún seguimos llamando al Jueves Santo, el Día del Amor Fraterno.

Música: Marcha Soledad de San Pablo

Y ahí sale nuestra Virgen de los Dolores acompañando a su hijo el Nazareno. Paso a Paso, recorren las calles de nuestro pueblo. Silenciando con su Pena nuestras miradas, a sabiendas que nada puede hacer, sino aguantar como una madre el Dolor que le aprisionará cuando vea el destino inamovible de su hijo, clavado al frío y perverso madero. Esa muerte terrible, horrible y despiadada de Cristo en la cruz, desde la que nos perdona y nos pide perdonar.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Dijo San Juan Pablo II: El perdón es la única salida a la violencia. Es difícil perdonar y tal vez parece imposible, pero el perdón es la única vía para que la venganza y la violencia no llamen a otras venganzas y a otras violencias.
Y en ese andar, en ese silencio solemne por mis calles a oscuras iluminadas por las velas, escuchando las canciones que desde pequeño me han acompañado, veo, que como dice Juan Pablo II: es hermoso hacer el Vía Crucis: caminar con Jesús en el momento en que nos da “el abrazo de perdón y de paz”.

Y el viernes despierta, con una procesión mañanera.

Música: Reo de Muerte

Una procesión que es una lección de catecismo en la calle. La Virgen de los Dolores, con su sufrimiento doble: Por su Nazareno, simbolizando todo el sufrimiento de la pasión previa a su muerte. Por su Hijo en la cruz, muerto por y para nuestra salvación, que la deja en Soledad.
Pero al mismo tiempo, una mañana que nos parece menos trágica, menos amarga; anticipando que la muerte no es el final, sino el paso necesario e ineludible de Jesús para llegar a la Resurrección.
Y con la plaza llena, con los niños rompiendo filas para rodear las imágenes mientras las vuelven, son levantadas a pulso y se saludan, entre aplausos, toques de campanillas y los sonidos de la banda de música y cornetas y tambores. La Madre contempla el sufrimiento y la Muerte, y desde allí, desde las alturas, desde esos brazos temblorosos que los elevan, cada Viernes Santo, Cristo al morir, nos recomienda y encomienda a su Madre:
Mujer, ahí tienes a tu hijo. Un acto de ternura y amor de un hijo con su madre. Jesús no quiere que su Madre se quede sola.
Ahí tienes a tu madre. Jesús nos pide nuestro comportamiento con María, como un hijo con su madre.
Al igual que el discípulo amado, la recibimos en el corazón. Durante todo el año, nuestra Virgen es nuestra Madre, nos encomendamos a ella y procuramos quererla, amarla, y no dejarla sola.

La noche del viernes se vuelve oscura y apagada.
Cristo ha muerto y lo acompañamos en el sepulcro. Delante, detrás o asomados en las puertas o esquinas. Como si de un entierro real de un paisano  se tratase. Un entierro, que al pasar por las sinuosidades y cuestas de calle Barranco, Parras o Enmedio, sumerge a Guaro en una noche de luto.

Y más tarde, nuestra Virgen de la Soledad. Todo se ha acabado, ha visto padecer a su hijo Nazareno, lo ha acompañado en su muerte en la cruz y acaba de darle sepultura. No existe mayor soledad.
Por eso Guaro convierte la Avda. de Andalucía en una travesía de amor y compañía, y la Plaza  en un remanso de paz y sosiego para su Madre.


El Domingo de Resurrección amanece.
Las campanas vuelven a repicar.
Cristo ha vencido a la muerte.

Música: Una Mirada al Cielo

Guaro despierta con el tañido alegre de las campanas de la Iglesia.
¡Alegraos!
No busquéis a Jesús, el que murió en la Cruz, pues no lo hallaréis aquí.  Salid a la calle y gritarlo: ¡Jesús ha resucitado!
Y Guaro lo celebra y lo grita.
Cristo Resucitado, además de recorrer las calles guareñas de su pasión, se aleja para visitar otros barrios, otras calles. Pasa ante otras puertas y bajo otros balcones y ventanas.
En los niños he sentido el cansancio, el sudor, la sed y el hambre tras la larga procesión del Resucitado, esa gran aportación de los guareños a la Semana Santa; dejando las túnicas para otro año repetir, mientras continúan resonado en su interior las cornetas y tambores.


Durante la Última Cena Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía. El núcleo de nuestra Fe. El corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia.
Por la fe creemos que la presencia de Jesús en la Hostia y el Vino no es solo simbólica, sino real; el misterio de la transubstanciación, ya que lo que cambia es la sustancia del pan y del vino; la forma, color o sabor permanecen iguales.
En el Sacramento de la Eucaristía enaltecemos los tres días grandes de la Semana Santa: la última cena, el jueves, el sacrificio en la cruz, el viernes y la resurrección, el domingo.

Música: La muerte no es el final

Esta es la Semana Santa que hemos recibido de nuestros mayores y les hemos   dejado a nuestros hijos, que a su vez se las pasarán a los suyos.
No solamente nos han transmitido y transmitiremos el gusto y el amor a nuestras procesiones y a sus Titulares, también lo más importante como cristianos: La fe, la esperanza y la caridad; con sus creencias, devociones y conocimientos.
Conocemos que Cristo nos recuerda cada año, que padece, muere y resucita por todos nosotros. Es por todos nosotros, por toda la Humanidad; sin importar nacionalidad, raza, sexo o edad.
Guaro lo pone en práctica cada día, al recibir sin poner trabas ni hacer preguntas a quienes nos visitan, sea por unas horas, unos días o se queden entre nosotros como paisanos más.
Para entrar en el Reino de los cielos solo es necesario desearlo, si acaso hacernos un poco niños, confiar en Él y rezarle al Padre para que nos dé la Fe necesaria para lograrlo.


La Semana Santa no es solo las procesiones, con su importancia para mantener, acrecentar y fortalecer nuestra Fe, sino también nuestro sentir interior.
Mis nietas son muy pequeñas aún; pero disfrutan saludando a los músicos, y dándoles la mano a los nazarenos, pero también se enfadan con los romanos, que le hacen pupa a Jesús, le rezan al Señor en el trono y meditan cuando preguntan: ¿Por qué la Virgen tiene la cara tan triste?
Crecerán y encontrarán respuestas, y se harán nuevas preguntas,  participarán en nuestra Semana Santa y colaborarán en ella. Correrán por las calles, aprenderán a llevar una vela recta para no manchar de cera, y se sentirán guareñas.
Porque nuestra Semana Santa perdurará, porque así lo queremos y para eso colaboramos y participamos todos.
Si algo se nos da bien, es colaborar. Las guareñas y guareños, si hay que arrimar el hombro, no lo pensamos, colaboramos.
Tenemos y aplicamos muchas y diversas formas de colaborar.
Desde organizarnos todos a lo grande para restaurar la iglesia, hasta una sola persona arreglando un desconchón.
Desde un grupo que limpia, barre, friega, pinta y retoca la iglesia para tenerla “hecha un ascua de oro”, como podemos apreciar hoy; hasta la colaboración en la Liturgia, preparando y conservando los ornamentos, organizando las lecturas, leyendo o cantando.
Desde abrir y cerrar la iglesia, hasta tocar las campanas.
Desde impartir catequesis, hasta vender lotería.
Desde vestirse de mantilla o llevar un trono, hasta plantar flores.
Adornando un trono o cambiando una bombilla.
Entronando las imágenes o quitando el polvo.
Ejerciendo de monaguillos o clavando alfileres.
Formando parte de una asociación o de forma personal.
O formando parte de la Hermandad, y trabajando, cada cual como mejor puede, en lograr cada año una mejor más brillante Semana Santa.
Lo importante no es el cómo ni el cuándo ni con quién.  Lo que nos hace grandes es nuestra colaboración desinteresada. Individual, en grupo o de las dos formas; más o menos organizados, formando parte de un grupo o de varios a la vez.
Los mayores iremos apartándonos, dejando las tareas pesadas a otros menos mayores que cargan con ellas que, a su vez, dejarán su sitio a la juventud, que dejó de ser niñas y niños. Y otras niñas y otros niños volverán a despertar su Ilusión cada primavera, ante una nueva Semana Santa.

No sabemos cómo serán las próximas semanas santas. Tampoco debe importarnos. Decía San Agustín: El pasado ya no es y el futuro no existe todavía.
Vivamos, sintamos, recemos, reflexionemos, colaboremos y disfrutemos en la de este año, porque las Semanas Santas del futuro, pertenecen a nuestros niños.
Que nuestra madre la Virgen, los bendiga y nos bendiga a todos.

¡Feliz Semana Santa!

martes, 26 de febrero de 2019





PREGÓN DE FERIA DE GUARO,  2009,
 JUAN LARA JIMÉNEZ

     
                                  
Juan Lara Jiménez (1950), hijo de José Lara  y Josefa Jiménez.
Ingeniero técnico electrónico, alto cargo de la empresa Acerinox del Campo de Gibraltar, casado con Isabel Ruiz y padre de María José y Juan Pablo, abuelo, de identidad guareño y, ahora, jubilado y feliz.


 PREGÓN FERIA GUARO AÑO 2009

 A la tierra que me vio nacer,
dedico este pregón,
palabras emocionadas
que salen del corazón

      Sr. alcalde, Sres. concejales, paisanos, paisanas, visitantes, amigas y amigos:
 Muy buenas noches.

   Es un gran honor para mí tener la oportunidad de estar esta noche aquí con todos vosotros pregonando la feria  de mi pueblo, Guaro. Al mismo tiempo, siento una enorme responsabilidad, porque hablar en público y de este tema no es nada fácil para mí. Quizás, si habláramos de la fabricación de aceros inoxidables, actividad que ha ocupado la mayor parte de mi vida laboral, no tendría necesidad de las chuletas, que hoy, ineludiblemente, necesito.
   Cuando me llamó Sebastián Rueda para ofrecerme que hiciera el pregón, lo acepté sin ningún pero. Al principio, me sentí muy honrado por haberse acordado de mí, después me emocioné y casi no pude contestarle y, por último, cuando terminé de hablar con él, me quedé en blanco y pensaba: “¿Pero qué les digo yo a mis paisanos durante 15 minutos? ¿No les aburriré en exceso?”
   Como decía Gandhi: "Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa". Yo os puedo asegurar que el esfuerzo lo he hecho. Me ha costado muchas horas de preparación y, a veces, hasta parte de mi tiempo de sueño.
    Hecha esta introducción, hablemos de Guaro, que es  realmente lo que nos atañe en estos momentos, primero, de  sus  gentes y, luego, de su feria.

  
 Se conoce poco de la historia de Guaro, pero una de las cosas que destaca es la convivencia entre las culturas, musulmana y cristiana. Según dice nuestra corta historia escrita, esta convivencia fue modélica. Y esa tendencia ha seguido en la vida de Guaro, no entre culturas, pues desde los Reyes Católicos solo existe una (al menos oficialmente), sino entre los habitantes de este maravilloso pueblo y aquellos que en un momento decidieron quedarse entre nosotros.
Todo el que ha llegado y sigue llegando a Guaro se le ha acogido y acoge como si hubiese nacido en el pueblo. Algunos se han quedado para siempre entre nosotros y otros se han marchado porque no encajaban entre los ciudadanos respetuosos y luchadores de este pueblo o bien porque se le acabó la motivación que los trajo.
     No puedo dejar pasar la oportunidad de dar mi pequeño homenaje (y creo que el pueblo entero debe hacerlo) a dos personas que se quedaron para siempre entre nosotros y que ya también nos han dejado para siempre.
      Por un lado, José Ortega (El Maestro Obra)
      Por otro lado, Joaquín Puga (Don Joaquín)
     Dos granadinos que llegaron a Guaro por las vicisitudes de la vida,se enamoraron y se quedaron entre nosotros. 
   Dos hombres ilustres, no por sus cargos, su procedencia familiar, carreras o situación de poder, sino por su respeto a los demás, por su integración en el pueblo, por su afabilidad, por su entrega al trabajo (cada uno en su parcela).
   Los dos eran tímidos y parecían distantes del pueblo, pero, cuando los tratabas, podías ver el fondo de cada uno de ellos:  eran dos hombres íntegros. No creo que tuvieran enemigos estos hombres en el pueblo.
    ¡Cuántos profesionales de la construcción dejó perfectamente preparado el Maestro Obra y nunca se creyó nada ni usó sus conocimientos para enriquecerse!
      Hombre muy exigente consigo mismo y de una responsabilidad ilimitada.

      Don Joaquín, hombre muy comprometido con la enseñanza y fundamentalmente con los valores cristianos y humanos. Un hombre que transmitía paz y sosiego cuando se hablaba con él. El análisis que hacía de los distintos sucesos era auténtica objetividad, no había sobresaltos ni altibajos en su diálogo. También, puso a muchos niños en la lanzadera de poder iniciar unos estudios medios y universitarios superiores. Yo fui uno de esos niños
      Dicho en lenguaje más popular, dos hombres que sabían estar y eran muy buenas gentes. Dos hombres que te hacen fácil hablar bien de ellos.  
Vaya desde aquí nuestro homenaje.
     Guaro también ha sido y sigue siendo un pueblo muy solidario, que sabe defender lo propio y ayuda al vecino o paisano a defender lo suyo. El pueblo se hace una piña cuando necesita defender los intereses del pueblo o parte de este.  Ejemplar fue la lucha que recientemente mantuvimos para mantener nuestro río Grande vivo. No se había conocido en Málaga una manifestación que concentrara a tantas gentes en una protesta. ¡Pero si había más manifestantes aquel día que habitantes tenía el propio pueblo! ¡Y vaya colorido que se le dio: caballos,burros, gallinas, motocultores paseando por el centro de Málaga, incluso se preparó y nos comimos una sopa en la puerta de la Confederación Hidrográfica del Sur!  
El periodista Becerra, del Diario Sur, tituló su crónica " El campo se traslada a la ciudad de Málaga." Y todo respetando siempre las normas, no hubo ninguna alteración de orden público. En más de una ocasión, nos felicitaron por nuestro comportamiento. Nosotros también teníamos la delicadeza de felicitar a las fuerzas del orden público por el suyo.
Hacíamos mucho ruido y nos hacíamos escuchar a base de imaginación y no de vandalismo. 
 
Como decía Isaac Asimov: " La violencia es el último recurso del incompetente" En esta ocasión, el pueblo de Guaro demostró que era muy competente e imaginativo. Otro titular de prensa que apareció en aquella ocasión, " El proyecto para un embalse que podría albergar las aguas de la discordia”. Parece mentira que un pueblo tan pequeño pudiera formar tanto ruido. Esto no es ni más ni menos que fruto de la solidaridad de este pueblo con sus conciudadanos.
      Sebastián, nuestro alcalde, tuvo una actuación muy brillante en toda esta lucha, la plataforma, que tuve el honor de presidir, creo que también, pero los verdaderos vencedores fueron los guareños, pues el objetivo, de momento, se consiguió.
     Las mujeres y hombres guareños han sabido sobreponerse a todas las adversidades, adversidades propias de la subsistencia. Pero, a pesar de todas las adversidades, nunca se ha visto un guareño pidiendo por la calle, para el guareño o guareña es mucho más trabajo pedir que salir a trabajar con pico y pala. Este pueblo siempre fue generoso con el trabajo, orgulloso y siempre actuó con gallardía. Por dondequiera que ha pasado un guareño-guareña ha dejado su impronta, su sello de cumplidor, ha dejado el deseo del patrón de que vuelva para la próxima temporada o nueva obra. Son rasgos que han caracterizado siempre a este pueblo: mucho amor propio en el trabajo y cumplidor en grado sumo.
     Por mi trabajo, he tenido la oportunidad de viajar con cierta frecuencia y conocer a muchas gentes y siempre que me han preguntado ¿de dónde eres?, siempre he contestado, de Guaro, aunque me haya costado algunas bromas y explicaciones jocosas. Eso te da la oportunidad de recibir información de gentes de tu pueblo que a su vez han sido conocidos por tus interlocutores y puedo asegurar que nunca he recibido información negativa de ningún guareño.
    
    Decía un filósofo griego: "La vida sin fiesta era como recorrer un largo camino sin encontrar posada". Nosotros, los guareños, ya hemos encontrado la posada, nuestras fiestas patronales han llegado. Ahora, solo falta que olvidemos los problemas cotidianos por unos días y salgamos a la calle con ganas de pasarlo bien y divertirnos. Nos encontraremos en la calle amigos y amigas que hace meses, años e incluso muchos años que no vemos, con los que recordaremos tiempos pasados.
 Veremos a los niños (nietos, hijos, sobrinos) cómo disfrutan en los caballitos, coches choque,etc.
Podremos ver esas niñas tan guapas y elegantes que hay en Guaro, cómo se contonean por las calles.
 Podremos tomar una copa en una terraza o en la caseta al fresquito, que tanto se apetece en estas fechas, charlando con nuestros amigos.
Podremos ver la elección de la reina de las fiestas y sus damas, todas guapísimas.
 Podremos participar en el campeonato de dominó, que normalmente se organiza por estas fechas.
 También, bailaremos con las buenas orquestas que generalmente nos trae la comisión de fiestas.
 Además, aquellos que no tengan parejas, pueden aprovechar para encontrarla. Antes, a los que no tenían pareja, se les solía preguntar al final de la feria:” ¿Qué? ¿Has hecho feria?” Muchas parejas de novios salían de la feria. 
En fin, en estos días, tendremos un sinfín de diversiones que debemos aprovechar y disfrutar de ellas. 

     Nuestras ferias siempre han tenido sus peculiaridades y lógicamente se han ido adaptando a los tiempos y a las diversiones que demanda cada etapa.
    En la historia relativamente reciente de la feria en Guaro ha habido una gran evolución y, en cada caso, ha tenido sus encantos, no podemos decir que una etapa haya sido mejor que otra, lo que sí podemos decir es que ha sido distinta.
  En mi niñez, la feria se vivía con mucha intensidad, pues   feria no era solo la víspera y tres días más, tenía una larga preparación. Cuando faltaba mes, mes y medio para ella, nuestras madres empezaban ya a preparar la ropa que vestiríamos durante esos días. El Catano hacía su agosto, con frecuencia venía por Guaro con su borriquillo durante el año cargado de tela vendiéndola por todo el pueblo, pero, en esta época, estaba allí todos los días y siempre rodeado de mujeres y chavalas.
    También, sobre la misma fecha se empezaba a buscar la financiación de la feria, los niños y no tan niños empezábamos a rebuscar almendras. La rebusca consistía en una segunda recolección de las almendras que habían quedado en el campo después de la primera. Las niñas por su parte se ponían a partir las almendras en las distintas casas cobrando por cada cuartilla que partían y después expurgaban.
     En aquellas fechas, gran parte de los ingresos del pueblo los proporcionaba la almendra, era el pulmón que nos mantenía con vida. La población guareña vivía de sus tierras, de los cultivos de las huertas (maíz, avellanas, ajonjolí, etc.), de la siembra de cereales, de la recolecta de naranjas, aceitunas y la susodicha almendra.
        Cuando venían los momentos de menor actividad, las mujeres y hombres guareños, trabajadores natos, buscaban la actividad fuera del pueblo. Fue cuando empezó la emigración, familias enteras se echaban la casa a cuesta y se marchaban a los pueblos aceituneros a trabajar en la recolección de las aceitunas. En aquellos tiempos, la vida era muy dura, la vivienda que les esperaba, en el mejor de los casos, era una habitación y colchones al suelo, en pleno invierno, aunque tampoco la vivienda habitual era mucho mejor.
Para aprovechar las sinergias propias del grupo, las familias, a su vez, se agrupaban con otras haciendo pilas de recogida y comida común, de esa forma, con un cocinero- cocinera comían varias familias, hay que tener en cuenta que la luz solar era la que determinaba el inicio y final de la jornada laboral, no se podía perder tiempo ni para comer y, por supuesto, tampoco en preparar la comida.
 Era muy emocionante ver la salida del pueblo de estas familias cuando se iban a las aceitunas, parecía que era una salida sin retorno y un retorno de los hijos pródigos. Gran parte del pueblo se acercaba a despedirlos y luego a recibirlos. Es una imagen que tengo grabada en mi mente, que me impresionaba mucho, pues denotaba en sus caras tristeza y preocupación cuando se marchaban y una alegría contenida cuando volvían. Me parecía muy injusto que familias enteras se tuvieran que marchar y abandonar sus casas costándole como les costaba para poder vivir un poco mejor el resto del año. A veces, hasta llorábamos, pues también salían amiguitos y amiguitas.
    Volviendo a la feria, tenemos que decir que en aquella época no había pregón de feria, el único que pregonaba por las calles para hacer los bandos y órdenes municipales era Pepe Fuelle, hombre célebre por sus pregones.
     La feria para mayores era en la plaza, donde se montaba un escenario, no en la puerta del ayuntamiento, como se hace ahora, sino en el lado opuesto junto a la que siempre hemos conocido como la albarrá. La animación normalmente era la banda de música de Alozaina, daba gusto escucharla. La plaza, que tenía entonces cuatro bares, se llenaba de sillas y mesas y solo quedaba libre un pasillo y un rectángulo (sesenta metros aproximadamente) delante del escenario donde se bailaba.
     Los niños y los no tan niños teníamos nuestra feria en la puerta del molino, allí se montaban la ola, la noria las sillas locas y los columpios.
 
   ¡ Qué nos gustaba quedarnos en la parte alta de la noria cuando terminaba el viaje ! Yo creo que más que el viaje y, sobre todo, si nos habíamos montados bien acompañado de alguna niña que nos gustara.
¡Cuántas vueltas nos daban en la vagoneta de la ola!  Salíamos de allí dando tumbos, era como una borrachera, pero sin alcohol.
     Esta época de la feria de Guaro, la recuerdo con mucho cariño, creo que influyen dos cosas: una, la edad en aquellos momentos y, otra, la escasez de fiesta que teníamos. Era la feria en verano y los carnavales en invierno. Bueno también estaban las verbenas veraniegas en el río: San Juan,San Pedro y Santiago.
    El tiempo avanza y las diversiones evolucionan. La juventud ya estaba cansada de pasodobles, boleros, chachachá y queríamos los sonidos de las guitarras eléctricas, ya la televisión nos mostraba otras formas de baile y música y Guaro, en ese sentido, nunca se quedó atrás. Yo tuve la suerte de pertenecer a la generación que trajo el primer conjunto de música moderna a Guaro. Se llamaba Los Dandys. Nuestro trabajo nos costó, queríamos llevarlo al patio de Mariquita la Río y no lo conseguimos. Los intereses creados con el beneplácito de la autoridad impidieron que esto se llevara a cabo. Eso también era fruto de la época, la libertad a la diversión y a otras muchas cosas brillaban por su ausencia. Pero, al final, conseguimos que al menos ese conjunto moderno lo contrataran para la plaza. No es este el momento de reivindicar y por lo tanto seguiremos con la feria.
    A partir de entonces, todos los años contrataban conjuntos de actualidad. La lucha siempre tiene sus resultados
  

Sabemos todos que las fiestas siempre nos exigen un esfuerzo económico, exige prepararse algo de ropa, los cafés, copas, refrescos, cacharritos para niños, etc., etc. hacen mucho daño al bolsillo y sobre todo cuando los ingresos disminuyen, como es la situación que casi todos estamos viviendo. Pero la diversión no necesariamente exige gastos elevados. Como decía Einstein: " En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento. " Desgraciadamente, el conocimiento no lo tenemos todos o digamos que hay muchos niveles, pero la imaginación sí. Guaro ha demostrado siempre ser un pueblo de gran imaginación, pues aquí, como en otros pueblos, ha habido épocas difíciles y, normalmente, se ha notado menos que en otro. Así que pongamos a funcionar nuestra imaginación y hagamos las diversiones adaptadas a la situación de cada uno.
     Quiero dirigir unas palabras a la juventud y ya termino.
    Como hemos dicho antes "La violencia es el último recurso del incompetente". Los jóvenes guareños no deben caer en la violencia, aunque en algún momento podamos entender que se nos ha molestado en exceso. La palabra pelea y bronca debe desaparecer de nuestro diccionario durante estos días y para siempre. Es más hombre el que resuelve los problemas con el diálogo que con las manos. Veámosnos reflejados en el que viene de fuera cuando nosotros salimos a otros pueblos y seguro que entenderemos más de una provocación inexistente.
      Ya solo me queda daros las gracias a todos por la paciencia que habéis tenido escuchándome, darle las gracias a la Corporación Municipal por haberme concedido este honor y desearos que paséis unas fiestas muy felices.
        Muchas gracias y buenas noches.
  
  Realizado por: Juan Lara Jiménez. Guaro (27/08/2009)